Texto - "Crónicas de Marianela" Angélica Palma

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Muchas veces, sí. Una pura simpatía le guía. Otras veces, el espíritu
democrático, latente en nuestra sociedad, no obstante ciertos anhelos de
diferenciación de algún reducido grupo, lleva al "tramitador" a
convertirse en lazo entre la burguesía que se forma rápidamente y la ya
constituída. Pero hay también "tramitadores" interesados. Nuestro gran
mundo se va volviendo un poco complejo. Y existen ya figuraciones
difíciles en el orden económico, estrecheces doradas, angustias
domésticas por no renunciar al brillo social, mantenido con arduos
apuros y apreturas tristes, ocultas y silenciosas. De aquí que haya
algún "tramitador" interesado. Alguna vez el jefe de la familia
tramitada, hombre de gran poder económico, puede ayudar al "tramitador"
en sus negocios vacilantes con sus influyentes relaciones bancarias y
por los mil medios que tiene a su alcance la sólida opulencia. Otras
veces, el "tramitador" se convierte en heredero de las diez leguas
alfalfadas por medio de un matrimonio un tanto morganático, si vale
expresarse así, en que se unen el brillo del nombre y el más opaco que
da el campo bien alfalfado, aunque exento de gules. La vida es una
serie de mutuos apuntalamientos, de combinación de anhelos, de
asociación de aspiraciones diversas. Unos allegan o ponen el nombre;
otros la sustancia. El que tiene nombre y no sustancia, quiere
sustancia. El que tiene sustancia y no nombre, quiere nombre. En el
fondo lo queremos todo: nombre y sustancia, y también amor. El
equilibrio y la felicidad surgen de la obtención de lo complementario,
de aquello que nos falta. En saber conseguirlo reside el secreto de la
felicidad. Y por eso no debe decirse que existen matrimonios desiguales,
ya que cada uno pone en esta sociedad divina y humana lo que al otro le
falta, coordinándose así los deseos dispares.