Texto - "El enemigo" Jacinto O. Picón

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Cabalito: era un sujeto buenísimo, pero de los que se comen los
santos, y que hiló el negocio con gran finura. Tomó cariño a Tirso, eso
es indudable. Creo yo que lo primero que se le ocurrió fue darle
carrera, sin fijarse en cuál, hacerle hombre; luego sus ideas, sus
relaciones... Cuando me trasladaron de Granada a Zamora, hizo el viaje
con el chico sólo para que yo le viera; tenía ya doce años; aquello se
lo agradecí mucho, porque únicamente le había visto en dos escapadas
cortísimas que hicimos esa y yo desde Valladolid. Quisimos recoger al
muchacho entonces, en Zamora, pero por un lado, ya comprenderás, las
consideraciones a lo mucho que debíamos a don Tadeo... él insistió en
que no se le quitáramos; decía que Tirso era tan bueno, que le había
tomado tanto cariño... Además, la situación nuestra no era buena, es
decir, nunca lo ha sido, jamás hemos podido ahorrar nada. Ahora, si no
fuese por la jubilación, ignoro cómo viviríamos. En fin, para concluir,
cuando don Tadeo nos escribió que Tirso quería ser cura, ya le había
metido en el Seminario. ¿Qué íbamos a hacer? Aunque tuviera yo más
energía que un león... pues: ¡aguantarme! ¡Cualquiera se arriesga a
luchar con gente de iglesia!...